La mayoría hemos sentido que la música a todo volumen en las clases de fitness nos impulsa a esforzarnos más. Sin embargo, recientes investigaciones demuestran que ese ruido al máximo solo perjudica tu oído, sin aumentar realmente tu rendimiento físico.
Por qué el volumen alto de la música no mejora tu entrenamiento
Las clases de spinning, zumba o bodypump suelen llevar la música a niveles altísimos, algo que parece lógico para subir la energía y el entusiasmo. La realidad es que, según un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, subir los decibelios no incrementa la intensidad ni la calidad del ejercicio.
Cuando la música supera 98,4 decibelios, los participantes suelen pedir bajarla, no subir la intensidad del esfuerzo. Incluso un cuarto de ellos reporta molestias auditivas después de las sesiones. Y ojo con eso, que la exposición continua a ruidos por encima de 90 decibelios daña las células del oído y puede causar pérdida irreversible de audición.
El truco está en moderar los decibelios sin perder motivación
El estudio deja claro que bajar el volumen no afecta negativamente a tu rendimiento ni a la intensidad del ejercicio. De hecho, un ambiente sonoro más suave ayuda a mantener la concentración y el bienestar general durante la clase.
Muchos monitores suben la música para «poner las pilas», pero lo típico es que el cuerpo pida justo lo contrario: menos ruido, más control y sensación de comodidad. Sin esa presión sonora, el entrenamiento puede resultar igual de eficaz y mucho más saludable para tus oídos.
Consejos para cuidar tu audición mientras te mueves
Dejar de lado la idea de que el volumen alto mejora la intensidad es el primer paso para proteger tu salud. A continuación, algunos consejos para entrenar sin riesgos auditivos:
- Pide a tu instructor que baje el volumen si notas que la música tapa las indicaciones o incomoda.
- Usa tapones para los oídos en clases donde el ruido es excesivo, especialmente si repites sesión varias veces a la semana.
- Opta por entrenar en ambientes donde puedas controlar tú mismo la música, como en casa o al aire libre con auriculares a volumen moderado.
- Escucha tu cuerpo: si después de entrenar tienes pitidos o sensación de oído amortiguado, date un respiro y evita la exposición a ruidos fuertes.
- Elige música que te guste y te motive, pero sin necesidad de subir el volumen a tope.
Entrenar bien no significa sufrir en silencio
La verdad es que la música es un gran apoyo para mantenerse activo, pero sin complicaciones ni riesgos innecesarios. Que tu entreno sea efectivo y a la vez respetuoso con tu cuerpo y tus sentidos es posible.
Así de fácil: bajar un poco el volumen, cuidar tus oídos, y centrarte en movimientos adaptados, especialmente si pasas de los 50 años. El placer de moverse fuerte y seguro vale más que cualquier ruido a toda pastilla.